Archive for the ‘cuentos de Tito Monterroso’ Category

Octavio Paz y las guerras. ( La cascada)

April 23, 2008

Por: Gil Zu
periodistasdigitales@hotmail.com

En estas dos semanas me enteré de dos acontecimientos que involucran a la literatura mundial.
Uno de ellos relacionado con la declaración en España que el material literario y conjunto de libros del escritor Guatemalteco Tito Monterroso permanecerán en Madrid como si estuvieran en su propia casa.

La otra noticia fue el aniversario del mejor lírico mexicano Octavio Paz quien fuera objeto de distintos homenajes, entre ellos al recibir el Premio Nóbel de Literatura. Este premio es especial ya que el premio se lo otorgaron no por una de sus obras sino por el conjunto de obras que produjo.

A los dos acontecimientos anteriores dejo constancia de mi gratitud a las autoridades mexicanas que trasladaron mi poema “Al México de Mis Recuerdos” a la Secretaría de Educación para que sea distribuido entre los niños de las escuelas en México, de conformidad con el oficio recibido DFC/0l8/2008 procedente de la Dirección de Fomento Cívico.

HISTORIAS CORTAS.

Este es uno de mis libros que he decidido dedicar a Tito Monterroso creador de los Cuentos en 7 Palabras.

Con anterioridad produje una compilación de poesía de historia universal a la que he bautizado en mi propio género como Trova Narrativa (La Historia en Verso) y que incluye historia, geografía, política y sociedad de cada nación del continente americano.

Mis compañeros del Grupo SakerTi hicieron llegar este epítome al Canciller guatemalteco Haroldo Rodas en el intento que pueda darse a conocer sin ningún compromiso de mi parte, mas que la satisfacción de que sea leído. Igual actitud he asumido con México ya que el poema a esa nación hermana es un compartir con los alumnos mexicanos acerca de mi gratitud a su pueblo.

NO ESCRIBIÓ NOVELA PERO FUE GALARDONADO MERECIDAMENTE

Octavio Paz nació en 1914. Fue diplomático y como escritor considerado el mejor lírico de México.

Algunas de sus poesías:

Raíz del hombre, Entre la piedra y la flor, Bajo la clara sombra, Libertad bajo palabra, La estación violenta, La centena, Posdata, Pasado en claro, Vuelta,

Octavio Paz cultivó la crítica y el ensayo.

Las peras del olmo, Hombres de un siglo, Tiempo nublado y el Drama: La hija de Rapaccini.
Fue galardonado con el Premio Cervantes en 1981 y el Nóbel de Literatura en 1990.
No escribió una novela en todo el sentido de la palabra y su vida fue discutida por las distintas corrientes del pensamiento.
A su paso como diplomático en el oriente medio recorrió caminos por Pakistán Afganistán y La India.
Pudo contemplar aquellas llanuras de historia milenaria, llenas de fantasía y misterio recordando Las Mil y una Noches y Las Aventuras de Gengis Kan.

Octavio Paz ya no tuvo oportunidad de presenciar Afganistán o Irak destruidos por las bombas y solo nos deja el recuerdo de esas misteriosas regiones que nos hicieron soñar despiertos cuando éramos niños

LOS LIBROS ME ENSEÑARON A PENSAR, Y EL PENSAMIENTO ME HIZO
LIBRE.

Los cuentos cortos de Tito Monterroso ( Escritor Guatemalteco)

April 21, 2008

La Oveja negra
En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

EL ESPEJO QUE NO PODÍA DORMIR
Había una vez un espejo de mano que cuando se quedaba solo y nadie se veía en él se sentía de lo peor, como que no existía, y quizá tenía razón; pero los otros espejos se burlaban de él, y cuando por las noches los guardaban en el mismo cajón del tocador dormían a pierna suelta satisfechos, ajenos a la preocupación del neurótico.

EL BURRO Y LA FLAUTA
Tirada en el campo estaba desde hacía tiempo una Flauta que ya nadie tocaba, hasta que un día un Burro que paseaba por ahí resopló fuerte sobre ella haciéndola producir el sonido más dulce de su vida, es decir, de la vida del Burro y de la Flauta.

Incapaces de comprender lo que había pasado, pues la racionalidad no era su fuerte y ambos creían en la racionalidad, se separaron presurosos, avergonzados de lo mejor que el uno y el otro habían hecho durante su triste existencia.

EL PARAÍSO IMPERFECTO
—Es cierto —dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno—; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.

EL FABULISTA Y SUS CRÍTICOS
En la Selva vivía hace mucho tiempo un Fabulista cuyos criticados se reunieron un día y lo visitaron para quejarse de él (fingiendo alegremente que no hablaban por ellos sino por otros), sobre la base de que sus críticas no nacían de la buena intención sino del odio.

Como él estuvo de acuerdo, ellos se retiraron corridos, como la vez que la Cigarra se decidió y dijo a la Hormiga todo lo que tenía que decirle.

EL ECLIPSE
Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido acepto que ya nada podría salvarlos. La selva poderosa de Guatemala lo había opresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de si mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intento algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en el una idea que tuvo por digna de su talento y de si cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.

Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo mas intimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y espero confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

La Rana que quería ser una rana auténtica
Había una vez una Rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.

Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad.

Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.

Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.

Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.

Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena Rana, que parecía Pollo.

El Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio
Hubo una vez un Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, que ya no era necesario, y se deprimió mucho.

La Tortuga y Aquiles
Por fin, según el cable, la semana pasada la Tortuga llegó a la meta.

En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones.

En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.


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