La contribución de los inmigrantes ( segunda parte)

Por: Madeli Morales
madeli@megachapines.com
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Según un reportaje publicado en el periódico Prensa Libre (el enlace no dice la fecha del reportaje, pero parece que fue escrito en 1999 o en 2000), hay en los Estados Unidos cerca de un millón y medio de ciudadanos guatemaltecos. Estos, afirma el reporte, aportan en concepto de remesas aproximadamente $600 millones. Ellos son la segunda entrada de divisas al país, después del café.

Si eso se ve como se está acostumbrado a ver los informes de las instituciones de gobierno, jamás llegaremos a comprender lo que dichos números encierran: el dolor, el sufrimiento, la enorme inversión emocional y desgarradora de los que abandonan el país en busca de mejores condiciones de vida.

Sólo los que emigran de sus países saben de lo que significa emigrar. En primer lugar tomar la decisión no es fácil. Vender algunos de sus pocos bienes, abandonar a sus familias con la promesa de que el futuro será mejor, sufrir ataques de ansiedad y de depresión que no son nunca atendidos, salir de su casa sin despedirse de los vecinos, tragarse las lágrimas en un adiós lleno de sueños, golpear con el puño una mesa o una pared para descargar ahí la frustración de un presente que no se comprende.

Y luego la partida. Cruzar una y dos fronteras con el mismo sigilo que un ladrón se introduce en casa ajena, porque sabe que si es descubierto le caerá el peso de la “justicia”, una justicia que él nunca ha conocido. Si es mujer, ese “peso de la justicia” puede incluir el abuso sexual a manos de uno o de varios “lobos vestidos de ovejas”, o de “lobos orgullosos de ser lobos”.

Llegar al destino, donde “los dólares se cortan de los árboles” es toda una proeza. Se experimenta el abuso, la explotación, la discriminación, y la pobreza. Se comienza a trabajar en el campo cortando la cosecha, o trabajando en los hoteles en oficios de limpieza, o se van para las esquinas a esperar que más de algún ciudadano los recoja para algún trabajo ocasional.

Las horas de trabajo son largas y duras. El salario es más bajo que el que ganarían si fueran inmigrantes legales, y aún así sobreviven. Y sobreviven no sólo ellos, sino que además hacen sobrevivir a sus familias que ahora ya están muy, muy lejos. Y en esa lucha por la supervivencia levantan la economía de las ciudades donde residen, y como dice el reportaje de Prensa Latino, ayudan a la economía de su país con más de medio billón de dólares.

Los enemigos de los inmigrantes acusarán a éstos de ser una plaga indeseable. Se sentirán superiores porque ellos llegaron antes y porque aún siendo de descendencia europea, se creen más americanos que los propios americanos, cuyos ancestros nacieron en este continente llamado América. Se sentirán superiores porque hablan su idioma a la perfección y creerán que los inmigrantes son intelectualmente incapacitados por no entender esa lengua extraña.

Los inmigrantes, con su humildad y trabajo tesonero, ayudarán silenciosamente a la economía de su país. Llenarán al país de divisas, y se irán convirtiendo sin quererlo en una fuerza económica bastante importante para el desarrollo del país. Cuando esa fuerza inmigrante despierte y se venga a dar cuenta que tiene mucho poder económico, si se organiza, aprenderá también que puede tener poder político. Ese día el poder del inmigrante será visto con respeto.

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