La risa de un niño. ( continuación)

Por : Gil Zu
saker_ti@yahoo.com
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(A los lectores : ¿Que piensan de Sandra Torres?
escriba a nuestro correo o puede opinar aquí al final de mi columna.)
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Veníamos de regreso de Quetzaltenango y nos detuvimos un momento en Los Encuentros, estaba lloviendo con fuerza y la niebla no se despejaba.

En el camino se encontraba un extranjero mochila al hombro y me pidió que lo llevara a la capital, en nuestra corta estadía en Los Encuentros veíamos a la gente caminando presurosa. Talvez lo que mas nos llamó la atención fueron los niños que salpicaban el agua estancada en los charcos con sus pies descalzos. Algunos llevaban en una de sus pequeñas manos un corvo con el que sostenían una hoja de plátano que los resguardara de la lluvia.

En la medida que caminaban a veces sonreían como queriendo disimular su precaria situación. Mi compañero era un Holandés estudiante de Antropología que hablaba con dificultad el español. Me pregunto asombrado:

– ¿Todos los niños en Guatemala viven así ? –

No voy a escribir mi respuesta. La dejo como potestad de los lectores.

Pero no son solamente los niños en el campo. En la etapa post-terremoto que vivimos me introduje a las brigadas de rescate.

Principiaron a salir a la superficie muchos rostros de personas que se encontraban en el anonimato en el fondo de los barrancos para principiar una nueva vida junto a otras familias desgarradas por el fenómeno telúrico, principiaron a nacer los Asentamientos Humanos y también aparecieron las caritas de esos ángeles con Caras Sucias jugando con pelotas de trapo.

Muchos de estos niños a la par de parejas con sus mentes extraviadas por el alcohol y la mariguana, pero había mucha gente sin ese problema, deseosa de trabajar y así poder obtener el pase que les permitiera contar con su propia casa. La sonrisa de estos niños no era distinta a la de los niños del campo.
Para estos niños de la ciudad llegaron noticias del Día de los Tres Reyes Magos, de la Navidad, del Año Nuevo, pero no para los niños indígenas que en el siglo veintiuno siguen cargando leña en su espalda en ves de sujetar en una de sus manos un libro. Para los segundos nombrados, no existen las fábulas de Santa Claus.

¿Y los niños que pertenecen a la clase media o clase alta en Guatemala?

Muchos asisten a Colegios Privados. Un grupo pertenece a élites económicas sobrecargadas de recursos financieros. Los otros, los de clase media sujetos al salario de sus padres, madres o padres solteros que aspiran a que llegue el fin de año para cobrar su aguinaldo. La mayoría de estos niños a los que se les van agregando los de las provincias y Asentamientos humanos cuando se van haciendo jóvenes y muchos alcanzan ingresar a la universidad, corren el riesgo de quedar atrapados en todo lo que nos exportan las potencias.

Veamos: 1925-1942. Generación del Silencio (Solo los padres hablaban)
1943-1968. Generación de los Baby Boomers o Yuppies. Los jóvenes se separaron de los padres. Vino el ROCK y la oración fue eliminada en las escuelas en los Estados Unidos.

1968-1980. Generación X. Divorcios y Aborto. Los chicos se dejaron crecer los cabellos (luego vinieron los aretes femeninos en los jóvenes).

1980-2008. Generación Espacial (Internet)

¿Podemos evitar ser contagiados con las modas extrafronteras? ¿Hemos perdido nuestra identidad? ¿Podemos recuperar el orden perdido?

Continuación de la Vida de Rufino. 20 de octubre de 1944

Luego de escuchar el ruido de metralletas y cañonazos a través de la radio se daba la noticia de que había sido derrocado el gobierno de Ponce Vaides.

La vida de Rufino siguió su ruta. Con la caja para lustrar zapatos al lado de su sobrino Ernesto principiaron a sentirle sabor al dinero bien ganado, pero la economía en el hogar escaseaba. Ya estaba de Presidente el Doctor Arévalo y un día un Pastor Evangélico habló a Rufino y luego lo llevó a uno de los Comedores Infantiles dirigidos por Doña Elisa Martínez, la esposa del Presidente, por primera vez Rufino fue atendido por una señora que le llevó al lugar donde se encontraba un plato con mosh, banano, frijolitos, huevos, pan y una naranja sin que tuviera que pagar nada.

Con el estómago lleno agarró su caja de lustrar y junto a su sobrino la vida para ellos dio un vuelco.

Hoy, me cuenta Rufino que nunca ha olvidado a Doña Elisa Martínez y que ojalá la esposa del Ingeniero Colom haga lo mismo.

Al despedirnos en New Jersey me dijo Dios bendiga a Doña Elisa

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