De las escisiones y reagrupamientos a la unidad durante la guerra.

Ricardo Rosales Román
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A partir de la intervención norteamericana y de la imposición de regímenes anticomunistas, dictatoriales y represivos (1954 – 1962), el pueblo guatemalteco se organizó, unió, movilizó y expresó su rechazo, inconformidad y oposición al estado de cosas imperante mediante amplias y masivas manifestaciones de protesta y descontento que culminaban, las más de las veces, en acciones violentas y represivas por parte de las autoridades policíacas y militares así como por los grupos de choque al servicio de los gobiernos de turno.

El levantamiento de jóvenes militares del Ejército el 13 de noviembre de 1963 –que se considera como el inicio del enfrentamiento armado en el país–, tiene lugar durante el gobierno del general Miguel Ydígoras Fuentes (2 de marzo de 1958 – 30 de marzo de 1963). Para ello, fue decisivo el generalizado descontento popular ante la corrupción gubernamental imperante y, sobre todo, la indignación que cundió entre los más destacados oficiales alzados cuando se supo que el territorio guatemalteco estaba siendo utilizado como base de entrenamiento a mercenarios cubanos que cinco meses después, el 17 de abril de 1961, habrían de intentar invadir Cuba, por Playa Girón, como parte de los planes de la CIA estadounidense por acabar con la Revolución cubana, invasión que fue aplastada por el pueblo en armas en 72 horas.

De los antecedentes al 13 de noviembre de 1960, hay que referir el fallido intento de tomar por asalto la base militar de Cobán, Alta Verapaz, el 16 de julio de 1960, encabezado por el líder universitario Alejandro Silva Falla y el teniente Guillermo Lavagnino, del que participaron jóvenes revolucionarios, entre ellos varios comunistas.

En opinión del compañero Huberto Alvarado, 1960 marcó un viraje decisivo en la situación política del país. Este viraje se caracterizó por la ampliación, desarrollo y generalización de la lucha de masas y cuyas acciones principales fueron las huelgas de los trabajadores y empleados del IGSS (Instituto Guatemalteco de Seguridad Social), las de los maestros de educación primaria y secundaria, y las de los estudiantes de segunda enseñanza que, en su conjunto, pasaron a ser el preludio de las acciones preinsurreccionales de marzo y abril de 1962.

Ahora bien, el inicio de la lucha armada (después del fallido asalto en Cobán, el fracasado alzamiento del 13 de noviembre, y la derrota en Concuá el 14 de marzo de 1962), tiene lugar a partir de junio de 1963, no sin que antes se hubieran dado otros intentos que no llegaron a prosperar ya sea porque los grupos se desmovilizaron por disidencias internas o a causa de los golpes del enemigo.

Después de 1963, las escisiones y reagrupamientos orgánicos se dan en momentos muy concretos y específicos de la lucha. Influye, igualmente, la situación y condiciones propias del país y el entorno internacional. Además, así como hay factores objetivos que lo determinan, los de carácter subjetivo pasan a ser, en determinados momentos, los que más pesan, agudizan y exacerban las controversias.

Durante el enfrentamiento armado interno el restablecimiento y construcción de la unidad fue un proceso prolongado, complejo y difícil. Lo decisivo llegó a ser la coincidencia respecto a la vía armada de desarrollo de la lucha mediante el impulso, ampliación y profundización de la Guerra Popular Revolucionaria. No obstante lo importante y trascendental de esta coincidencia, no fueron pocos los obstáculos y dificultades de carácter conceptual y teórico a enfrentar y superar así como los derivados de una práctica revolucionaria con desiguales niveles de desarrollo, avance y efectividad, la dispersión operativa, y discrepancias acerca del papel a jugar y que correspondía asignársele al movimiento social y popular, su organización, unidad y movilización.

El inicio de las conversaciones para la búsqueda de la paz por medios políticos (Oslo, Noruega, 29 de marzo de 1990), significó para el movimiento revolucionario en armas y para nuestro pueblo, entrar a una nueva etapa de la lucha no exenta de dificultades y obstáculos. En tales condiciones, se requirió de la más firme unidad y cohesión interna, consecuencia, fidelidad y lealtad, a fin de resolver y decidir sobre lo fundamental y de contenido a tratar y convenir con la parte gubernamental, así como la estrategia y táctica para las nuevas condiciones.

Durante estas dos sucesivas etapas de la lucha, el proyecto político-militar unitario articulado alrededor de URNG y su Comandancia General, se logró exitosamente fortalecer y prestigiar nacional e internacionalmente, aunque lo acontecido después viniera a confirmar que lo logrado no fue suficiente para preservar, salvaguardar y mantener la unidad.
La unidad, recordó en una de sus más recientes reflexiones el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, significa compartir el combate, los riesgos, los sacrificios, los objetivos.

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