Ajedrez

Por: Iván Choto
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La mañana del 18 de enero me enteré de la muerte de un genio, nadie sabe con certeza que enfermedad aniquiló su existencia, yo me aproximo a creer que seres como Bobby Fisher son de aquellos que mueren aniquilados por una muy profunda nostalgia existencial.

El meteórico niño prodigio de Chicago, derrumbó 24 años de hegemonía rusa en el mundo del ajedrez al vencer magistralmente -en el denominado “Match del siglo”- a su oponente Boris Spassky, quien era todo un experto en el juego estratégico y de combinaciones, heredero del poderío de la escuela soviética que se impuso desde los tiempos de Mijaíl Botvínnik, Vasili Smyslov, Mijaíl Tal y Tigran Petrosian hasta su caída . Antes de estos solamente Alexandre Alekhine, también ruso nacionalizado francés, había mostrado una permanencia prolongada como campeón mundial al arrebatar por primera vez el trono al inmortal José Raúl Capablanca en 1927, el cual perdió y recuperó ante Max Euwe y lo mantuvo hasta su muerte ocurrida en 1946.

Fisher aprendió el juego ciencia a la edad de 6 años, de forma autodidactica, al recibir como regalo de su hermana un pequeño tablero con sus piezas de cuyo empaque leyó las instrucciones y comenzó desafiando a su propia hermana. A los 7 años comenzó a participar como miembro del club de ajedrez de Brooklyn en New York y fue tutor de su formación en el juego Carmine Nigro.

A los 13 años abandonó la escuela secundaria y apoyado por su madre se volvió pupilo de John W. Collins, instructor de ajedrecistas sobresalientes quien se constituyó desde entonces en casi una figura paterna para Fisher. También fue a los 13 años de edad que disputó su primer torneo, en el cual jugó una partida contra Donald Byrne que ha sido considerada para muchos expertos como la “Inmortal del siglo XX”, un año después en 1957 alcanzó el campeonato de ajedrez en los Estados Unidos, esto le abrió las puertas de los torneos internacionales y siendo tan solo de 15 años de edad alcanzó el titulo de Gran Maestro en el año de 1958.

Ya para inicios de los años 70’s derrotó a Mark Taimanov (6-0), Bent Larsen (6-0) y Tigran Petrosian (6.5-2.5) en el torneo de candidatos, ganándose entonces el derecho a disputar el campeonato mundial ante Boris Spassky. El encuentro con Spassky se celebró en Reikiavik, Islandia. Provocó una extraordinaria atención en todo el mundo. Y no sólo por su carácter deportivo. También fue visto como un encuentro político (en plena guerra fría y con intervención directa del entonces Secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger).
Después de un tenso encuentro, Fischer venció a su rival tras 21 partidas y se coronó campeón mundial el 31 de agosto de 1972 con un total de 7 partidas ganadas, 3 derrotas y 11 tablas. El primer (y hasta el momento el único) norteamericano en conquistar el título. Desafortunadamente, en la práctica, este momento culminante también marcó el fin de su carrera. Desde entonces, no volvió a jugar ninguna partida oficial durante su reinado y, cuando en 1975 tuvo que defender el título frente al aspirante Anatoly Karpov, planteó exigencias inaceptables para la FIDE, la cual lo despojó del título. Desde entonces y hasta 1992 no volvió a jugar en público y llevó una vida retirada y excéntrica.

Aun guardo mis libros de teoría del ajedrez, reposan olvidados y amarillosos en cajas de cartón algunos clásicos como “El Sentido Común en Ajedrez” escrito por Emanuel Lasker, segundo Campeón Mundial (1886-1894), “Fundamentos del Ajedrez” del tercer campeón del mundo José Raúl Capablanca (1921-1927) y uno que fue mi favorito “El Final” de Miguel Czerniak que contiene un estudio completo de la fase final de toda partida de Ajedrez, que me regaló Don Helios Quintanilla ex – campeón nacional de ajedrez de El Salvador (1963), mi instructor en la Compañía DIDEA de la familia Poma, quien me introdujo en la escuela de la teoría del ajedrez y me ayudó a conseguir el campeonato de 1978 del Torneo Navideño de Ajedrez de las Empresas Poma Hermanos.

Por hoy quise traer a estas líneas una breve reseña de quien para muchos ha sido el mejor de todos los tiempos, no lo puedo asegurar desde mi modesta capacidad de profundizar en el mundo de los expertos. Yo analizo el ajedrez desde una perspectiva más dispersa, al igual que lo es el conocimiento, no es posible concentrarlo en la opinión de una sola mente ni en la intención y acción de una sola voluntad. Para cada tiempo y circunstancia se ha presentado un momento y una persona dotada con una expresión extraordinaria de reflexión y agudeza humana para mostrarle al mundo de los sentidos tangibles una analogía de la inspiración que es capaz de tocar los umbrales de lo asombroso. De este modo es que trascendieron a la inmortalidad las figuras de Wilhelm Steinitz, (1886-1894), primer campeón mundial; y otros grandes del mundo ajedrecístico como: François Philidor, Alexandre Deschapelles, Louis de Labourdonnais, Howard Staunton, Adolf Anderssen, Paul Morphy de épocas más pretéritas, y después del meteórico reinado de Robert James Fischer (1972-1975) los campeones más contemporáneos: Anatoli Karpov (1975-1985), Garri Kaspárov (1985-2000) y ahora los campeones unificados Vladímir Krámnik (2000-2006) y Viswanathan Anand (2007- ).

Requiescat In Pacem Robert James Fisher (1943-2008) el último clásico del ajedrez del siglo XX y concluyamos entonces con el poema de Jorge Luis Borges

Ajedrez

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

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