Cien años de olvido. (novela)

Por: Oscar Fernández
fernandez_037@hotmail.com

Cien años de Olvido…
Quetzaltenango, Sibilia (uno de los 24 municipios)

A pocos días de finalizar una centuria, con un clima fresco y una noche estrellada, la Luna se perdía en la fiesta nocturna ya que al acontecimiento habían llegado un millón de estrellas…que daban su bendición al alumbramiento de una heredera de la familia Toledo De León. La mansión lucía espectacular, los corredores de la estancia eran adornados con lazos cruzados con pinabete y naranjas repartidas en todas las esquinas clavadas con un asta que llevaba una bandera de colores de papel crepe..

El feliz padre, mi bisabuelo, daba todas las ordenes a la servidumbre, las comadronas calentaban enormes ollas de cobre y latón colocadas en los fogones de la cocina, al estilo clásico mexicano, amplia y de colores tropicales, cuatro cocineras se encargaban de preparar la cena a todos los comensales que incluían solo a la familia más cercana, con una excepción en la velada, había sido invitado Don Encarnación Juárez Aullón, por cierto en el siguiente siglo por hacer entrada, sería mi otro bisabuelo por el lado paterno. Pero en el momento que vivían, faltaban 57 años por confirmarlo.

Al dar las once de la noche, mi abuelo materno, fumaba su acostumbrado puro, exhalando bocanadas interminables en el centro del patio de la estancia…su caminar nervioso denotaba una ligera preocupación, pero al nacer la niña mas hermosa que haya parido la vida, corrieron a darle la noticia y todo pasó a ser un momento de amor y felicidad. Era un 8 de Diciembre de 1900

Por tradición se daba la orden de que un pariente cercano tocara el piano de cola, regalo de una tía de las Europas, por espacio de dos horas se escucharon los vals y la música más bella del mundo de los grandes autores clásicos…

Concepción Toledo, creció con la más estricta disciplina y con una educación extrema, pero con el tiempo su carácter bondadoso y su amor por las cosas sencillas, la hicieron la favorita de toda la familia, pero era tal su belleza que al cumplir sus quince años y ser presentada en sociedad, los pretendientes comenzaron a disputarse su amor.. Durante diez años fue 7 veces las reina de la comarca, se le comparaba con Helena de Troya, unos ojos color ámbar, una tez blanca mate, un cuerpo con una armonía, elegancia y una clase que rivalizaba con la aristocracia de Europa…

La mansión en el centro de Quetzaltenango, que hoy día se le conoce como Hotel Bonifaz, era la casa de mi bisabuelo por el lado paterno, siendo de las familias mas ricas de la región, con una finca de 90 caballerías y con el pasar del tiempo se conformó un municipio que colinda con Sibilia. Precisamente por esos lares; de jóvenes se conocieron mis abuelos, se juraron amor eterno y los estudios de él en los Estados Unidos, los separó por un largo tiempo, pero en el amor el tiempo es corto, con una fiesta de bienvenida a mi abuelo Humberto Juárez, ellos se volvieron a ver y felizmente se casaron un día de Abril.

1932, nació mi madre Rosa María Juárez Toledo, siendo la más hermosa de las hermanas, pero ella fue gemela, mi tía Celeste, vivaz, fabulosa de carácter, con un talento a la pintura, que aún se tienen cuadros en los pasillos de la casa de mi prima. Mi madre, sacó la fuerza de mi abuelo, el carácter de mi otro abuelo.
Cuándo tenía 16 años la vida les dio un cambio drástico, perdiendo todo bien que la familia poseía, fue algo devastador para mi madre, se refugió en un amor juvenil y a los diecinueve años, tuvo a su primera niña, tan bella como mi abuela, le bautizaron María Doricía Salazar J.

Una niña realmente bella, sus cabellos que eran unos bucles de ricitos de oro, su color rubio la hacia ser una niña preciosa, con los ojos rasgados y de tonalidad verde ambarino más impresionantes que la familia haya tenido, era una mezcla, entre los de mi abuela Conchita y mi madre RosMary.

La pobreza cayó como una sombra fúnebre en el seno de la familia, mi abuelo se dio al olvido y a la bebida, mi madre se casó con el que iba a ser mi progenitor Don Horacio Fernández Raudez, hombre regio, nacido en Nicaragua y 27 años mayor que mi madre, con tal diferencia, le llenó de muchos hijos, entre los cuales quién escribe esta crónica familiar.

14 de Junio 1957, fue la fecha que vine al mundo, dos meses después casi me muero, la pobreza aun existía en casa y la lucha era por la vida…me logré salvar por alguna razón poderosa…por un propósito que hasta la fecha está por verse y después de recorrer 50 años, 21 momentos de muerte de los cuales en su momento estaré narrando.

Continuará.

La muerte, amiga íntima.

One Response to “Cien años de olvido. (novela)”

  1. OscarGT Says:

    Muy buena lectura, sería interesante tener al final la novela en un solo archivo para descargar y leer más tranquilamente. Adelante.

    Oscar Recinos.
    oscarecinos.blogspot.com

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