Fama sin fortuna.

Por: Edgar Orellana
periodistasdigitales@hotmail.com

En mis 21 años de periodismo he pasado por diversas situaciones, diversas etapas unas buenas, otras malas y otras que no quisiera ni acordarme.

Haciendo recopilación y aun con recuerdos que se escapan de mi mente, hay algunas que me vienen a la memoria, y que espero ir recordando poco a poco.

En 1,999 cuando hacía radio periodismo fuimos invitados por el frente guerrillero que se encontraba en la transversal del norte, la invitación llegó por conducto del Capitán Francisco, nunca supe su nombre, llegamos a caballo hasta la finca de un señor de apellido Lima quien nos ofreció un refresco y luego seguimos cabalgando hasta el campamento, ya estábamos en territorio controlado por la guerrilla sin saberlo, de pronto apareció un señor regordete quien dijo ser el comandante del frente, luego de identificarnos, surgieron como brotados de la tierra unos cien guerrilleros, armados hasta los dientes y con gestos amables nos invitaron a compartir un tamal y refresco.

Al llegar pudimos observar algunos extranjeros que se identificaron como periodistas y esa noche pernoctamos allí, existía al principio el temor de estar en un campamento insurgente, especialmente luego de conocer las atrocidades que se les atribuían, pensamiento que cambió al recibir atenciones y gestos de amabilidad.
Nunca más volví a saber de los comandantes guerrilleros, ni de quienes nos permitieron esa noche en sendas hamacas entablar interesantes tertulias e historias de su participación en un movimiento ilegal, esas serán historias que ya les narraré en posteriores columnas.

El 14 de enero de 1992, el entonces Presidente Jorge Serrano Elías visitó mi ciudad de residencia y en las oficinas de gobernación departamental pude entrevistarlo, Serrano se ufanaba del primer año de Unidad Nacional, luego de la entrevista ordenó al comandante de la Base Naval del Atlántico que me entregara una invitación para la fiesta de la marina el día siguiente.

Al día siguiente asistí a la fiesta y mi sorpresa fue que el mandatario se acercó a mi mesa y frente algunos militares y funcionarios de gobierno, me propuso ser el nuevo vocero del gobierno, y mas presto que dispuesto acepté, luego vino una conversación trivial de incomprensión entre periodistas y viceversa. El 30 de enero estaba frente a casa presidencial con la promesa del mandatario como única recomendación, me recibió en su despacho (era la primera vez que entraba a palacio nacional) y me dijo que su palabra seguía en pie, pero que el 15 de marzo asumiría la función prometida. Me quedé esperando ansioso esa fecha y Plum de repente, un golpe de estado técnico que lo obligó a dejar la presidencia. Yo me quedé estúpidamente (como el poema de Porta Mencos) diciendo, que lindo fue sentirme vocero del Presidente de Guatemala.

Corría el año de 1995, en mi noticiero tenía unas quejas sobre los vendedores informales que se apostaban todos los miércoles y ese mediodía abordé el tema directamente señalando la necesidad que la Municipalidad reordenara el pandemonium que se armaba, cinco minutos después la radio se encontraba rodeada de vendedores quienes con gestos amenazantes pedían que saliera para explicarme lo que pasaban y la necesidad de esas ventas.

De baboso iba a salir, pedí que ingresara una comisión de cuatro personas para entrevistarlas, entre ellas ingresó una señora de nombre Natividad Bautista, de gesto adusto y adornada con oro, los diez dedos de las manos con sendos anillos y en el pecho refulgía un águila de oro que pendía de una cadena gruesísima, para romper el hielo empecé a bromear sobre el oro, y que las ventas informales eran el mejor negocio, sin dejar su gesto adusto y ceño fruncido me dijo que después del noticiero me invitaban a almorzar para explicarme a fondo el problema, acepté y hasta el sol de hoy, la señora es una muy buena amiga.

En el año 1997 conocí al ex Presidente Alfonso Portillo Cabrera, en plan periodístico asistí a un almuerzo al ranchón Mary en Río Dulce, en esa ocasión y acompañados de una muy buena cantidad de whisky etiqueta negra, conversé con el entonces candidato, escuché sus propuestas y el día de las elecciones en 1999, corrí presuroso a darle el voto, jamás volví a verlo, pero en su gobierno me desempeñé como Secretario General de Intervención de la Portuaria Santo Tomás.

Posteriormente y en la segunda campaña electoral de Álvaro Colom, le llamaba dos veces por semana para darle cobertura en mi noticiero, en medio de eso hay algunas anécdotas que contar en columnas posteriores, de igual manera voy a relatar una reunión con el General Otto Pérez Molina, donde descubrí un aspecto que muchos desconocen del candidato de la mano dura, y que seguramente les va a llamar la atención.

One Response to “Fama sin fortuna.”

  1. El Dilema Says:

    me gustaria saber que es eso de otto perez molina, no creo que cambie el pensamiento que tengo de el, pero es bueno saber siempre, saludos y muy buena nota

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