La mona aunque se vista de seda, mona se queda


Por: Pedro el Pueblerino.

Vestido a la mejor usanza, dirigía un grupo de personas, había sido nombrado Presidente de una Junta Directiva por un pícaro, tonto y sinvergüenza, lógico era esperar que el designado o nombrado fuera de la misma catadura.

Sus modales refinado no dejaban entrever al ladrón que se escondía en su fino vestir, su trato por igual, tenía empresarios, políticos y un periodista en ese grupo colegiado, unos representando al gobierno, otros al sector privado y el periodista que no sabía porqué había llegado allí.

Igual podría esconderse bajo ese refinado vestir a un homosexual sin salir del closet, pero era quien dirigía y al parecer todos lo reverenciaban, con algunas excepciones.

La primera reunión fue amena, se sirvieron chicharrones con tortillas calientes y refrescos, todo iba a pedir de boca, el periodista no se imaginaba lo que significaba estar entre tanto pícaro con suerte, se hablaba de tantas cosas, de viajes, de proyectos y nadie mostraba los sucios negocios que se escondían bajo esas conversaciones.

Robo de furgones de combustible, robo de whisky, contratos a personas ligadas a uno de los sectores del sector privado, licitaciones falsas y negocios bajo la manga que pretendían esconder en sus conversaciones de hombres de mundo.

El periodista sin saber de que se trataba adquirió un traje Pierre Cardin y en su muñeca lucía un reloj Rolex (regalo de un aparente amigo) y que resultó mas falso que una moneda de cien quetzales, ya iba preparado por un singular amigo que se las sabe de todas, todas en temas de zonas francas.

Esa noche el primer revés, fue al conocer a los personajes que serían sus efímeros compañeros, envidia, egoísmo, estupidez y todos los defectos que pueda tener un ser humano se reflejaba bajo las sonrisas y conversaciones entre ellos, miraban con recelo al periodista, pensaban que sus negocios se iban al suelo y seguramente en ese momento empezaron a maquinar la forma de deshacerse de él.

El Presidente de ese cuerpo colegiado, flaco, alto y desgarbado pero con finos modales al parecer era quien dirigía al grupo de ladrones de cuello blanco, no existían secretos para él, representaba a un grupo de refrigerados y en algún momento fue exportador de café en su país, nadie podría imaginar el pícaro que se escondía tras esa facha de hombre próspero. Sus colegas le decían al oído todo lo que sucedía.

Su período terminó, al igual que quien lo había nombrado y al salir; apoyado por los demás miembros, con excepción del periodista, quiso cerrar con broche de oro licitando una obra millonaria, para terminar de desfalcar el presupuesto de esa empresa.

El periodista fue omitido de invitaciones a las reuniones de Junta Directiva, sabían que era un estorbo en los turbios negocios que realizaban, confabulados en su contra, hicieron caso omiso a la ley y se la pasaron por el arco del triunfo.

Ahora que fue destituido asumió en su lugar otro personaje de quien no se sabe nada, así como podría ser un hombre honesto y honrado, también podría ser otro pícaro con suerte, de momento todo indica que es lo primero. Pero como herencia recibió a los personajes nefastos del Presidente anterior, los del sector privado, los políticos y un gato filtrado, el periodista ha declinado seguir asistiendo a esa cueva de Alí Babá.

Ladrones, descarados, mañosos, pícaros, cualquier epíteto resulta insuficiente para describir a estas lacras de la sociedad que se esconden bajo el disfraz de hombres prósperos, pero que resultan ser los peores delincuentes a quienes nunca llega la justicia.

Craso error, hacer parte de ese cuerpo colegiado a un periodista, y lo peor creyendo que desconocía la ley, su familia tarde o temprano sabrá que son unos viles ladrones y escupirán a sus hijos o nietos al recordar que su fortuna fue hecha al amparo de estafar a un pueblo.

Cualquier parecido de esta historia con la realidad, es pura coincidencia, en una próxima entrega describiremos a cada de unos de estos personajes, empresas y labores a que se dedican dentro de la ficción misma.

Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto.

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