Revés para Uribe y Bush; Congreso congela el TLC con Colombia

(tomado del diario La Jornada, México)

David Brooks y Roberto González Amador (Corresponsal y enviado)

Un enfrentamiento político con trasfondo electoral entre el liderazgo demócrata legislativo y el presidente George W. Bush hundió, por el momento, el Acuerdo de Libre Comercio con Colombia, en lo que significa una derrota para la Casa Blanca y el gobierno de Álvaro Uribe, al igual que severos daños colaterales para Hillary Clinton.

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, cumplió hoy con su amenaza de eliminar las reglas del llamado fast track que obligaba a la legislatura a votar sobre la ratificación del acuerdo comercial en un periodo de 90 días, como respuesta a la decisión unilateral de Bush de presentar la iniciativa sin llegar antes a un consenso sobre algunos temas en disputa.

Con ello, el acuerdo comercial queda congelado hasta que el liderazgo demócrata decida someterlo a voto. Algunas fuentes legislativas indicaron a La Jornada que esto podría implicar la muerte de esta iniciativa por lo menos todo este año.

Bush decidió presentar la iniciativa el martes, afirmando que más allá de su importancia económica era fundamental para “la seguridad nacional” de Estados Unidos, y como parte clave de su estrategia en la región para contrarrestar fuerzas antiestadunidenses, sobre todo la influencia de Venezuela.

Sin embargo, la Casa Blanca se sorprendió con la acción del liderazgo demócrata y Bush criticó hoy a la Cámara al declarar que el voto “daña nuestra economía, nuestra seguridad nacional y nuestras relaciones con un aliado importante”.

La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, afirmó que “desde la perspectiva de la política exterior y los intereses estadunidenses, tal vez no hay un acuerdo de libre comercio más importante en la memoria reciente…”. Desde ayer, Rice advertía de las consecuencias de la derrota de este acuerdo, y declaró que “ayer estaba con mis contrapartes de México y Canadá… y ellos estaban muy claros de que el fracaso de Estados Unidos en aprobar este pacto comercial tendría consecuencias muy serias, pues haría daño al interés estadunidense y a la credibilidad de nuestro país en la región”.

Al no aprobar el acuerdo, insistió, Estados Unidos no debe abandonar al gobierno de Uribe, “este amigo… que ha hecho todas las cosas correctas para llevar a su país a la estabilidad, la democracia y la prosperidad, y lo ha hecho como un firme aliado de Estados Unidos, luchando contra terroristas por un lado, tratando de desmovilizar paramilitares por el otro, y manteniéndose firme contra estados y fuerzas antiestadunidenses muy hostiles”.

Legisladores republicanos en la cámara también condenaron la maniobra como “chantaje político” y uno de ellos, David Dreier, dijo que esta acción legislativa de los demócratas “se alinea con las metas de Hugo Chávez y los narcoterroristas de Sudamérica”.

El acuerdo ya enfrentaba una serie de obstáculos –oposición feroz de sindicatos y organizaciones de derechos humanos, entre otros que se magnifican en un año electoral, y donde cobran mayor peso de lo normal los sectores sociales que se oponen a este tipo de libre comercio (vale recordar que en algunas encuestas, la mayoría de los estadunidenses cuestiona o se opone al libre comercio y, de repente, los políticos necesitan sus votos).

Todo esto también despertó una vez más el gran debate sobre el libre comercio en este país, uno que tiene especial resonancia justo en medio de una recesión económica y en un ciclo electoral donde el tema provoca profundas divisiones. Diversas regiones de este país donde se ha sufrido la pérdida de algunos de los más de 4 millones de empleos manufactureros desde el inicio de este siglo, y donde los ecos negativos asociados con el TLC con México siguen nutriendo resentimientos, no son terrenos donde políticos, particularmente demócratas, desean promover el libre comercio.

De hecho, los dos precandidatos demócratas se han visto obligados –al buscar los votos de sus bases en estados como Ohio y ahora Pennsylvania– a pronunciarse en contra del acuerdo con Colombia y criticar, hasta el punto de proponer la renegociación, y hasta anulación del Tratado de Libre Comercio con México.

El asunto es tan potencialmente tóxico para los políticos demócratas, que ya ha causado severos daños a la candidatura de la senadora Hillary Clinton en las últimas dos semanas, llegando a tal nivel que la obligó la renuncia de su principal estratega político e íntimo amigo Mark Penn la semana pasada, al revelarse que cabildeaba la aprobación del acuerdo pagado por el gobierno colombiano justo mientras Clinton expresaba una y otra vez su oposición en los actos electorales.

Pero no acabó ahí: en los últimos días se reveló que Bill Clinton ha recibido decenas de miles de dólares de agrupaciones colombianas pro comercio libre para dar discursos, y se recuerda que Uribe le otorgó un premio hace un año para apreciar su trabajo en mejorar la imagen internacional de Colombia. A la vez, varios asesores y amigos de los Clinton trabajan en firmas de relaciones públicas contratadas por el gobierno Colombiano para promover el acuerdo, reportó el New York Times esta semana.

No se descarta que la Casa Blanca y el liderazgo demócrata en el Congreso lleguen a un acuerdo para rescatar el pacto comercial, pero por el momento todo queda congelado y cada día se hace más remota la posibilidad de un acuerdo este año.

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