Cien años de olvido (novela) Capítulo 4

Por: Oscar Fernández
fernandez_037@hotmail.com
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La bodega de vinos quedaba atravesando el pasadizo que tenía un compartimiento secreto en la inmensa cocina, al entrar escalera abajo, trece escalones exactos, siendo un miembro de la familia supersticioso, decidió entrarle de frente a las ánimas en pena que pudiesen perturbar el sueño de los vivos, pero lo que siempre decía mi bis…”hay personas caminando por la acera de enfrente y estando vivas , parecen que están muertas de tedio, de miedo y olvido” la verdad no nos percatamos de que sangre azul en algunos casos y en otros de color rojo corren por las venas…

Al finalizar las gradas nos encontramos con otra puerta de madera de cedro, que al abrirla, se encontraban con un recinto agradable y acogedor, donde bien acomodados habían sillones de cuero, una mesita al centro y un mueble que podría decirse, era un trinchante con algunos cambios para las funciones que le servían para degustar los distintos licores que se encontraban acompañados de quesos importados de Francia y Holanda, allí también había una entrada que regularmente permanecía cerrada, era asegurada con un candado enorme que su edad era la suma de todos los habitantes de la mansión…

Cuentan los que tuvieron el privilegio de entrar a la bodega donde dormían cientos de botellas de vino añejándose al paso del tiempo, era especial el momento cuando las manos de mi bisabuelo, por cierto el único en hacer siempre está rutina y el único en saber donde se escondía la llave del enorme candado.
Se calcula que había una capacidad de 1500 botellas en reposo en los anaqueles especiales para ese cometido, de maderas curadas y estando la bodega prácticamente en las entrañas de la colina, el ambiente era húmedo, lo cual con las antorchas colocadas en el lugar cada cierto tiempo se prendían y viciado el aire , hacía dificultoso estar más de una hora…

Don José E. Juárez A. parecía que su cuerpo se había acostumbrado a está rutina y lejos de quebrantar su salud…mejoraba inexplicablemente, él de manera empírica, digamos autodidacta era un enólogo.

En la Hacienda San Francisco la Unión que era administrada por los hermanos de mi abuelo, se tomó una extensión considerable de tierra y por años experimentaron cosechar viñedos, pero el mosto (jugo de uva) no fermentaba en el punto requerido. En el proceso Don José E. Juárez García asistía para supervisar y participar en la decantación (trasiego de vinos) inclinando con cuidado y suavemente la vasija llena de mosto; sobre el recipiente vacío. Según él creía, que al hacerlo con sus poderosas manos, dado que era un hombre alto y regio, acostumbrado a trabajar el campo y su fortaleza estaba a punto de ser legendaria…de hecho le faltó pocos años para llegar a cumplir cien años de olvido…y vida.

En una ocasión por razones que nunca se supo, él; llegó iracundo al momento de la decantación, acto seguido tomó parte activa e hizo su rutina acostumbrada, los peones de la finca al verle tan enojado se apartaron de su camino ya que era capaz de levantar en vilo un tronco pesado.

Con el tiempo se hizo la prueba de esa cosecha que había sido depositada en la cava de la Mansión, pero al degustarla, la sorpresa fue encontrar un vino agrio prácticamente intomable, entonces comprendió que de alguna forma sus emociones y su ira de aquellos días se transmutaron a la esencia de las uvas añejadas…a partir de esa experiencia jamás volvió a estar mal en una rutina de trasiego de vino, las pruebas de enometría le indicaban la calidad de la cosecha.

Logró con los años tener su propia cosecha, llegó a tener un vino único, con personalidad, pero su costumbre de tomarse dos copas diarias de buen vino, hizo que su salud fuera inmejorable, nunca reveló su secreto de la eterna juventud que mantuvo en todos sus años. Al cabo de mucho tiempo, cuando todo era un recuerdo borroso y el olvido entraba en escena, en una excavación en el jardín de la mansión…encontraron una caja de hierro completamente oxidada y con un candado puesto en su lugar, al abrirla había algunas pertenencias: Un reloj de bolsillo de plata con la fotografía de mamá Lupe, varias fotografías de sus hijos, entre los cuales estaba mi abuelo Humberto, pero una hoja de papel que escrito con su puño y letra decía:
“Ya no bebas mas agua, sino usa un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades”

Primera de Timoteo 5:23 (Biblia)

Continuará:

La cava

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