Cien años de olvido (novela) Capítulo 6

Por: Oscar Fernández
fernandez_o37@hotmail.com

“La Hacienda, El Matasano”

La imponente mansión sobresalía en una ladera suave y extendida, era un hermoso Castillo, al menos su diseño arquitectónico emulaba a uno que quedaba en España entre Cuenca y Toledo, sobre la garganta del río Tajo.

Lo interesante de Toledo como una de las ciudades más importantes de la península es que fue influenciada por los conquistadores romanos, los árabes con sus 800 años de habitar la región.
Y desde luego con la casta española, su gastronomía y su arquitectura fascinante.

En los viajes a Europa por parte de la familia de mi bisabuela, Teresita de León se encontraban tres hermanos: Federico, Arturo y Manuel Toledo, el último tengo el honor de ser su bisnieto…pero su historia es un poco trágica…murió a los 26 años, mi abuela cuando ocurrió el hecho a lo sumo tendría dos años de edad.
Fue en los años 1934-1936 pero está parte de la historia familiar será escrita en un solo capítulo en honor a él…”El POETA”

Al llegar al lugar un arco de piedra y cemento de inmensas proporciones era la entrada para llegar a la Casona, un recorrido de doscientos metros de camino bien cuidado de piedra, con un muro a lo largo de la loma, protegiendo a los hacendados y a los jamelgos que pastaban por la pradera.

El camino era custodiado por enormes árboles que a los lados hacían sombra y daban un efecto romántico que preparaba a los invitados a la hacienda para lo que les recibiría… Los potreros se extendían hasta llegar a una laguna artificial donde un velero navegaba placidamente en el espejo de agua de un día fresco y cálido, al menos no había amenaza de tormentas que eran muy frecuentes en Septiembre y Octubre, típico del invierno que era muy marcado en la zona, los potrillos al galope se cruzaban por la pradera que tenía un corral de madera bien armada y de color blanco.

En este punto el carruaje con sus corceles se detenía, una inmensa puerta de madera de cedro tallada con los escudos de la familia en cada lado, se abría luego que el peón verificaba en la garita del lado derecho quienes eran los invitados… pasando el umbral, una enorme plazoleta de piedra se recorría hasta llegar a una fuente al centro con tres sirenas semidesnudas con sus colas de escamas, pero tres enormes peces jugando en el agua estancada de la fuente al fondo se podía ver los establos de la mansión, caballerangos haciendo sus tareas cotidianas y bellos caballos con estampas de campeones, una gran bodega para el heno, que colocaban los rancheros de la finca… un catrín, traído de Cuba, para el uso de los señores cuando supervisaban la hacienda y un carruaje cerrado al estilo las diligencias de la época de vaqueros.

Pero lo impresionante era el enorme taller de monturas, arneses y carruajes donde fabricaban con toda clase de herramientas las necesidades de la finca. El imponente castillo, quedaba en un promontorio, se llegaba subiendo tres escalinatas de piedra y cemento, pero en los corredores; enormes búcaros con flores hermosas del jardín que quedaba atrás de la mansión.

Una terraza de unos veinte metros de ancho por cincuenta de largo, de piedra y cerámica al llegar a este punto, tres enormes columnas de la mansión daban paso a un corredor amplio y espacioso lleno de enormes sillones para acomodarse y observar desde este punto la belleza del lugar. Con veinte dormitorios y tres salones de estar, un comedor estilo medieval amplio, lleno de espadas y escudos de la familia…una cocina campirana con dos chimeneas que se mantenían casi siempre encendidas, la bodega de vinos era adecuada no tan grande como las de Don José E. Juárez … mi otro bis….

Aquí gran parte de su tiempo la pasaba Federico, Arturo y Manuel Toledo cuentan que en una oportunidad invitaron a un grupo de bailarinas que actuaban en el teatro Colón y lo verdaderamente bello era uno de los salones que se mandó a traer madera de California, la secoya; que resulta ser el árbol de más altura en todo el mundo.

Se dice que era la finca más bella de café de toda Guatemala…los caminos internos sumaban 28 kilómetros, dado el clima de la región, las características topográficas y su exuberante vegetación…su cuidado del cultivo de los cafetos, ríos y nacimientos le daban la fertilidad adecuada y belleza natural…eran más de 50 caballerías. La producción era enorme, la sombra del cafeto era gandul, Cuernavaca, guineo, poco antes de venderla estaba el proyecto de Cuje; como sombra definitiva…

Llegaba a dos millones de quintales de distintas variedades, pergamino, estrictamente duro era el de mayor cantidad de quintales de exportación su inventario de matitas de café, llegaba a ser de 20 millones. Este era un conteo anual.

Las fiestas palaciegas que se daban en la finca El Matasanos, competían en la región solo con las de la familia Juárez Auyón.

Decía mi bisabuela….” TOTUS MUNDUS AGIT HISTRIONE”

Próximo El Poeta.

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