Los intelectuales de izquierda y las luchas sociales

Por: Ricardo Rosales Román

En su ensayo Los intelectuales de izquierda y su desesperada búsqueda de respetabilidad, James Petras dice que “uno de los aspectos más impresionantes de la política contemporánea es la brecha entre las condiciones, objetivamente a la baja, de la clase trabajadora y rural, y las respuestas subjetivas que son difusas, fragmentadas y frecuentemente están bajo la tutela de partidos neoliberales”.

A lo anterior agrega que “la mayoría de los intelectuales están disociados de las luchas populares o han aceptado premisas de la ideología neoliberal, como que la globalización es inevitable e irreversible” y que “la hegemonía burguesa juega un rol vital para asegurar la estabilidad de un sistema social altamente desigual y explotador”.

Lo arriba trascrito se puede entender mejor si se complementa con las siguientes tres puntualizaciones: una, “la hegemonía burguesa -dice Petras- es un producto de numerosos factores, incluyendo los medios de comunicación y las instituciones culturales del Estado”; dos, “es también el resultado del pensamiento y los métodos de trabajo de los intelectuales de izquierda, que buscan legitimar su producción intelectual en el mundo burgués”; y, tres, que hoy en día, “hay una gran variedad de ‘estilos de vida’ para ser un intelectual de izquierda, […] frente al poder y la riqueza del Imperio Euroamericano”.

A partir de aquí ya es posible adentrarse a la caracterización que hace Petras de los cinco tipos de intelectuales de izquierda que se dan tanto “en los países capitalistas desarrollados” como “en el Tercer Mundo”. Estos son: los intelectuales en alquiler, los intelectuales de casa, los intelectuales en angustia perpetua, los intelectuales pesimistas, y los intelectuales irreverentes.

Intelectuales en alquiler. Según Petras “es el tipo de intelectual que hoy vaga por el espectro político ofreciendo sus servicios a una variedad de patrones [?]. Estos intelectuales son para todos lugares y precios. Su postura pública tiene sus motivaciones con la necesidad de reconocimiento y publicidad de cualquier bando, pero también con firmes principios intelectuales: no están ‘vendidos’ a la derecha, están rentados e incluso están disponibles para la izquierda en ciertas ocasiones”.

Intelectuales de casa. “Son aquellos cuyo universo son otros intelectuales o incluso su ‘reflexión interna’. Tienen su propio lenguaje exótico, que sólo comprenden los iniciados, y su trabajo se concentra en gran parte en descifrar textos y lenguaje divorciados del mundo objetivo”.

Intelectuales en angustia perpetua. Son los “que planean sobre los problemas socioeconómicos (‘neoliberalismo’ y ‘globalización’) y nunca pasan del lugar común ‘debemos encontrar una alternativa’. Ignoran las luchas diarias que buscan encontrar alternativas; le temen al problema (imperialismo) y le temen a la solución (transformaciones)”.

Los pesimistas. Según Petras esta “otra pose intelectual común es la del izquierdista que se baña en derrotas históricas y encuentra en ellas un pretexto en la medida en que hacen incierto un nuevo y pragmático acomodo con el status quo. Al dramatizar las pérdidas políticas, como batallas profundas e irreversibles, evitan reconocer las nuevas luchas revolucionarias que emergen, [?]. El pathos pesimista se convierte ya sea en una coartada para la inanición y el desentendimiento, o en un billete de ida hacia las políticas liberales, que son percibidas como lo único que hay disponible”.

Intelectuales irreverentes. “En agudo contraste con las posturas antes mencionadas, existe el intelectual irreverente hacia los protocolos académicos, que no se impresiona con los títulos y premios, y que incluso, son respetuosos ante los militantes que están en las líneas del combate anticapitalistas o antiimperialistas. Son constantes y productivos en su trabajo intelectual, que está motivado en gran medida por las grandes cuestiones que enfrentan las luchas sociales”.

Los intelectuales irreverentes “conducen investigación que busca fuentes originales de información; crean sus propios indicadores y conceptos, [?] luchan contra la hegemonía burguesa junto a la izquierda, integrando su pensamiento y enseñanza, evitando dividir lealtades. En pocas palabras, [?] trabajan en la formación de una cultura contra hegemónica”.

En una de sus importantes conclusiones -si no es que la principal-, James Petras afirma que “el problema de la subjetividad es clave hoy en día. Hay cada vez más desinterés popular a lo largo del Tercer Mundo e incluso en países imperialistas. La clave del cambio está en ligar estos descontentos con movimientos de transformación social. Esto requiere teorías revolucionarias, conceptos críticos e intelectuales comprometidos que den una doble lucha, una contra los poderes burgueses y la segunda contra el doble discurso de los intelectuales de izquierda”.

Hasta aquí, lo que tenía pendiente de referir respecto al interesante e importantísimo ensayo de Petras publicado el 13 de marzo de 2001 en Rebelión, acerca de los intelectuales de izquierda.

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