Cien años de olvido (novela) Capítulo 7

Por: Oscar Fernández…
fernandez_037@hotmail.com
.
Desolación

Una ilusión de amor
creció en mi corazón
Sin darme cuenta;
por verte a tí;
envuelta en una canción

Abrí mi puerta de los sueños
corrí como un loco enamorado
creando y creyendo ser tu dueño
más no comprendía que estaba equivocado

Comencé a crear, versos y sonetos
pensando en tí, siempre…siempre
la rima mi lecho, el poema mi aposento
pero triste realidad, solo en mi vientre

Conmigo cuenta, como un amigo
como el poema veinte, el poema mío
que te di aquella tarde; amor mío
tu me abrazaste…estaba contigo.

Autor:

F.H. Revesal.

La familia de Manuel Toledo, El Poeta., crecía en número; ya eran tres vástagos, María Luisa, Jorge y Concepción.

Teresa de León:
Una mujer extraordinaria y cuentan que era de una belleza extraña, él la celaba a niveles enfermizos, no permitía que saliera de la Hacienda, pero el campo y la comunión con la naturaleza le hacía verse cada día más hermosa, dicen que la mantenía encerrada, a lo cual ella tenía que obedecer, siendo una sociedad machista y con influencia victoriana, aceptaba su destino, dedicada a sus hijos…

Sus celos no tenían fundamento, pero la amaba tanto, tanto, tanto, que moría solo saber que miraba a otro hombre, sufría sin sentido, sufría porqué tenía alma de poeta y escribía versos tristes de noches bellas, le cuidada más que su propia vida, joven de corazón y de alma sensible, mi bisabuelo vivía su pesadilla, había heredado de los ancestros la maldición del celo…era inevitable en él.

Los hermanos Federico y Arturo Toledo, que administraban la hacienda “El Matasanos” por el año 1933 ó talvez fue el año 34, enviaron de comisión a Don Manuel Toledo, un viaje a California, Estados Unidos; después de negarse a viajar por algún tiempo, como presintiendo la tragedia que se avecinaba, al final aceptó, presionado y viajó a la costa del pacífico, dónde embarcó…llegó a realizar los encargos; uno de ellos, fue la compra de Madera Preciosa, Secoya; para terminar dos salones que habían quedado sin darles el toque de elegancia que solo sabía dar la madera, ya que si algo viste en una hacienda, esa es la madera…así decía Federico Toledo.

El viaje tardó un tiempo, negocios de café, compras para la Hacienda, encargos de la familia y secretamente un regalo por parte de mi bisabuelo Manuel a su esposa amante Teresita.

Después de dos meses de viaje, regresó a la finca con el deseo de ver a su mujer y a sus tres críos, pero su sorpresa fue total ya que no estaban en ninguna parte, buscó como un desesperado, gritó de dolor y angustia por no saber que había pasado…al final los hermanos le contaron que le habían echado de la finca por razones que se llevaron a la tumba, el quiso matarlos pero se contuvo, se retiró a sus aposentos, a sufrir por los seres queridos…el hecho de que su mujer hubiese pasado tres días fuera de la finca; no pudo soportarlo y se privó de la vida… era tanto el celo y la posesión que no lo soportó…sus celos infundados lo llevaron a la tumba.

Esa herencia maldita de la Celotipia la llevo conmigo, por eso he renunciado a tener mujer de compañía porque sé que mi triste final sería la misma melodía… ¡cobarde quizá! pero a mis cincuenta años…puedo decir que he vivido bellas historias de amor y una que realmente celé a niveles que me recuerdan a mi ancestro, no sé con exactitud si se hereda, pero tengo el estigma que me acompaña toda la vida, he creado poemas como “Desolación” también tengo cinco historias escritas de las mujeres que he amado y he renunciado….falta mucho por hacer, pero espero no sea igual que ayer.

Continuará…

El Sepelio. (1934)

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