El socialismo contra el capitalismo.

Alexander Guerrero E. hace un análisis somero sobre el socialismo y especialmente los rezagos que dejan las medidas populistas, encuadrando perfectamente el caso de Hugo Chávez Frías en Venezuela. Reproducimos el texto íntegro.

Una especie de guerra asimétrica han emprendido algunos presidentes (que dicen llamarse socialistas en América Latina) contra el capitalismo, fenómeno político-ideológico que devela la amplia influencia que tiene Fidel Castro, quien junto a Kim Il Sung son los máximos exponentes del socialismo en el mundo.

Hablamos en este caso de guerra asimétrica, porque al fin y al cabo el capitalismo, régimen económico global, por definición, ha mostrado no solo su capacidad de crear riqueza en volúmenes incomparables a otro esquema socioeconómico en la historia de la humanidad, sino porque como organización social y económica atiende directamente las libertades y deseos del hombre por un mejoramiento continuo de su calidad de vida.

El Presidente Chávez mantuvo su agenda socialista en el discurso político encapuchado durante este período “prerrevolucionario”. Probablemente el gran público, el de a pie, y hasta las élites políticas, económicas y culturales, para agruparlas de alguna manera, nunca creyeron o le dieron la seriedad respectiva al hecho evidente por demás en el caldo de cultivo ideológico del “proceso” que la agenda de la “revolución bolivariana” contenía como objetivo la utopía socialista.

No era fácil, para los líderes de la revolución vender la idea del socialismo después del estruendoso e histórico fracaso del socialismo, particularmente porque este régimen socioeconómico solo subsiste en la medida en que los pueblos puedan ser sometidos a una agenda de empobrecimiento continuo y sistemático. Venezuela en estos años inicia ese recorrido, las políticas públicas de corte socialista han iniciado el proceso de igualar por abajo.

Aunque los socialistas, de todas las cosechas en el mundo se habían colocado en retirada, no es fácil, como en las batallas de tipo religioso aceptar la derrota, después de todas las verdades de fe, son solo eso, fe y nada más que fe.

Algo similar ocurría con los socialistas latinoamericanos a quienes les era, y les sigue siendo difícil vender una alternativa socioeconómica basada en la propiedad colectiva y del Estado que significa la demolición de las libertades individuales, derechos económicos, y de ellos los derechos de propiedad, en un mundo donde el progreso se funda sobre las oportunidades de la gente de acceder a la propiedad, y donde al Estado, léase políticos no les queda otra alternativa que construir marcos jurídicos diseñados a la protección de esos derechos.

Sin embargo, es posible construir una propuesta anticapitalista, Venezuela muestra una buena evidencia que el objetivo de fondo se puede cubrir con la retórica revolucionaria –en nuestro caso bajo el signo abstracto del bolivarianismo- anticapitalista sin necesidad de nombrar la soga en casa del ahorcado.

El socialismo a la vuelta de la esquina: nueva versión del comunismo de Estado.
La flojera intelectual de las elites políticas, económicas, y culturales y de una vasta porción de la inteligencia venezolana constituyó un severa restricción a la inteligencia que impidió divisar anticipadamente que la propuesta socioeconómica de la llamada revolución bolivariana era la del nuevo hombre del socialismo real.

Muy probablemente este curioso fenómeno sea producto de las vivencias del rentismo petrolero tipo bucólico, que ha sido promovido por las elites políticas, económicas y militares y de una porción importante de la “corporación cultural” venezolana durante más de cinco décadas.

Sin embargo, no se requería de una fuerza intelectual sobre-natural, un análisis y estudio sesudo de la propuesta de constitución que fue posteriormente aprobada, seria suficiente para conocer que la constitución toda, constituía un marco jurídico para el debilitamiento de los derechos de propiedad. La constitución recoge un contrato social de normas y restricciones a las libertades de los individuos, a cambio de poderes crecientes al Estado, poderes que se constituirían con el tiempo en privilegios de quienes puedan capturar las instituciones del Estado.

Es importante acotar que sectores importantes de la inteligencia venezolana acuerdan con este tipo de constitución, bautizando con ello la voluntad rentista de corporaciones de intereses, políticas, económicas, militares y eclesiásticas, en ocasión de los procesos de captura de las instituciones del Estado en periodos electorales.

Socialistas criollos de ayer: padres putativos del socialismo real de hoy.
Pero las vertientes socialistas venezolanas, socialdemócrata y socialcristiana del periodo prerrevolución bolivariana, nunca abandonaron su propuesta socialista, esa utopía en cierto modo alumbraba las transformaciones socioeconómicas del capitalismo criollo, donde la acción del estado con los anos tendía a debilitar. Solo a partir de 1989, con el Gran Viraje se produjo un rompimiento con la vena socialista que gobernaba Venezuela desde los tiempos de Rómulo Betancourt.

Ese nuevo marco jurídico requería de la agitación política que hemos visto en estos años de revolución y de un proceso de ingeniería de leyes que fuese separando el incentivo individual del venezolano de los activos económicos más rentables del país. La constitución, y posteriormente un centenar de leyes coarta y restringe del proceso económico la iniciativa individual, llegándose en ocasiones a la sanción política e institucional por el ejercicio de los derechos de propiedad.

Las políticas públicas a aplicar en la transición hacia el socialismo se centrarían entonces en los controles de precios, en las restricciones a las ganancias que hoy imponen leyes en la economía y en las finanzas, en el crecimiento desorbitado de la deuda publica, en financiamiento inflacionario del déficit fiscal, en la opacidad y escasa transparencia y ninguna controlabilidad con que se gestiona el gasto del estado, con el incremento de la presión tributaria, en la reducción del mercado como mecanismo de distribución de la renta; todos esos fenómenos componentes de un entorno de debilitamiento de los derechos de propiedad. Las “elites” locales no pudieron anticipar esos fenómenos, por un lado porque la utopía socialista, mas allá de los métodos y formas de alcanzarla esta en la superestructura cultural de una buena porción de esas elites políticas, empresariales, militares y eclesiásticas.

¿Que es el capitalismo? En el capitalismo la acción humana en lo económico y en lo social se organiza sobre dos pilares: propiedad privada y mercado; la integración eficiente se realiza en base a la garantía de democracia política; es decir, libre ejercicio de los derechos políticos y de propiedad necesarios para optimizar las preferencias de la gente y para garantizar la estructura de incentivos que asegure un progreso sostenido.

La organización básica para ese objetivo lo constituye la empresa; la relación entre los en la empresa se robustece mediante el respeto de reglas de juego, generalmente en forma de contratos que garantizan derechos de propiedad. La empresa se constituye como la organización fundamental entre los hombres para reducir los costos de transacción que impone el poder creciente del Estado en la economía.

El proceso económico y la prosperidad depende entonces de esas garantías y arbitrio por parte del Estado de los intereses puestos en el contrato, haciendo que empresas e individuos se interrelacionen eficientemente minimizando costos de transacción, generados estos por la intervención del Estado mas allá de su condición de arbitro que pone el peligro el proceso de creación de riqueza.

La fuente fundamental de esos costos, el Estado, institución que puede ser capturada por corporaciones políticas, económicas, militares y otros grupos de interés perturba el proceso de optimización que define en el capitalismo la actividad económica de la gente. La democracia se comporta entonces como un entorno utilitario que permite el proceso de captura de las instituciones del Estado y la supresión de las reglas del mercado en la distribución de los esfuerzos de los individuos.

El capitalismo de estado, el socialismo como ideología y la sociedad de capturadores de renta Las cosas van de mal en peor si el Estado, capturado por corporaciones políticas con intereses ideológicos como en nuestro caso, conduce su propia guerra asimétrica para destruir al capitalismo, lo que por definición traerá consigo perdida de los derechos individuales necesarios para la vida en democracia.

La historia es difícil devolverla, el socialismo, régimen solicitado por el Presidente Chávez representa lo contrario a las libertades individuales y derechos económicos de la gente que son confiscadas por el Estado, la relación entre gobierno y ciudadanos, distintos a la nomenclatura que rige el Estado, se convierte en totalitaria, con sacrificio de los derechos individuales.

La castración de esos derechos civiles y económicos, de propiedad, inhibe la creación de riqueza creando condiciones para empobrecimiento y deterioro de la calidad de vida. Ejemplos sobran en el mundo, Corea, Cuba y Zimbabwe, únicos paradigmas socialistas muestran en grado superlativo de empobrecimiento de sus pueblos, combinado con odiosos privilegios ganados por los grupos políticos que conducen el Estado, especie de nueva clase, cuya presencia histórica es solo posible bajo el pillaje y el despojo de los derechos de la gente.

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